Trabajar para que la empresa genere ganancias es solo uno de los pilares que sustentan las operaciones. Más allá de eso, es necesario evaluar las pérdidas, verificar la calidad de los procesos e identificar posibles fallas que puedan impedir que el negocio prospere y crezca aún más.
En este contexto, la llamada gestión de pérdidas debe formar parte de la rutina de la organización. Este concepto es responsable de dirigir una serie de recursos y actividades hacia la identificación y corrección de inconsistencias que desperdician insumos, tiempo y causan perjuicios.
¿Quieres saber cómo realizar una buena gestión de pérdidas? Entonces sigue este post y descubre cómo la tecnología puede ayudarte en esta importante tarea.
¿De qué pérdidas estamos hablando?
Dentro de la rutina de una empresa, las pérdidas pueden ser múltiples. Desde la adquisición de materia prima hasta la entrega al consumidor final, existen diferentes etapas que, cuando se ejecutan mal, pueden interferir en la calidad de las entregas. Veamos:
- Pérdidas comerciales: ocurren cuando el artículo no está disponible para la comercialización, como embalajes inadecuados, averías, errores en la reposición de stock, retrasos en el suministro, etc;
- Pérdidas administrativas: ocasionadas por fallas en la gestión interna de la empresa y sus procesos. Aquí se incluyen el desperdicio de insumos, la mala gestión de personal y stock, entre otros puntos;
- Pérdidas de productividad: generadas por la mala ejecución y control de los procesos, como retrabajo, lentitud, errores operativos, ausencia de capacitación de los equipos, etc;
- Pérdidas financieras: representan perjuicios por morosidad, descontrol financiero, fraudes, multas, ineficiencia en los métodos de pago, etc.
¿Cómo puede la tecnología mejorar la gestión de pérdidas?
El punto central de las optimizaciones aportadas por la tecnología se refiere al control de la información y los procesos. Hoy en día, a través de sistemas informatizados e integrados, los gestores tienen todos los datos que necesitan para controlar las etapas de producción de la empresa.
De este modo, hay mejora en la comunicación, y la identificación de cuellos de botella, errores operativos y puntos de atención ocurre de manera más profunda y sistematizada, reduciendo el tiempo de respuesta con la solución necesaria para el problema.
En este contexto, los equipos, software personalizado, metodologías y otras soluciones ayudan a revertir el escenario de pérdidas. Vea algunos ejemplos a continuación.
Sistemas de gestión
Este tipo de sistema centraliza la gestión de la empresa, brindando visibilidad total de los procesos a quienes los administran. Así, la calidad de las entregas pasa a ser monitoreada en un único lugar, pero con un alcance global del negocio.
Actualmente, ya se habla bastante de ERP, TMS y muchos otros sistemas enfocados en el rendimiento gerencial del negocio. Todos ellos ayudan en puntos esenciales como producción, stock, finanzas, personal e incluso la relación con el cliente.
Además, es posible adoptar un diferencial estratégico muy relevante: sistemas personalizados 100% adaptados a la realidad de la empresa, que trabajan con la información más útil para optimizar operaciones y generar una experiencia exitosa.
Automatización
La automatización es, con mucho, una de las principales aliadas de la gestión empresarial. Del mismo modo, también lo es de la gestión de pérdidas. Hoy en día, como gran parte de la cadena productiva de las empresas recibe apoyo de la computación y de sistemas automatizados, toda y cualquier alteración que pueda representar algún tipo de pérdida se identifica fácilmente.
En este punto, las metodologías que privilegian la excelencia operacional, como el ‘just in time’, tienen un terreno fértil en entornos informatizados. En este sentido, recursos como el MRP (Material Requirement Planning) también se pueden utilizar con mayor eficiencia, al igual que el CIM (Fabricación Integrada por Computadora).
Conclusión
La gestión de pérdidas es una de las ramas de la gestión empresarial que más relación tiene con la rentabilidad y la eficiencia operativa de la organización. Negligenciar esta importante medida es, sin duda, perder la oportunidad de mejorar los procesos del negocio y hacerlo aún más rentable y competitivo.
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